Una vez te mencioné que jamás te saludaría, que podría hacer cualquier cosa, bajar la luna a tus pies, caminar con las manos y tomarme el mar, pero que jamás te saludaría. Vi como en tus ojos crecía la interrogante y me preguntaste ¿por qué?, mi respuesta fue simple y verdadera; no quiero jamás en mi vida saludarte, porque jamás en mi vida quiero dejarte ir y tener que decir adiós.

No hay comentarios:
Publicar un comentario